Insectos xilófagos

Hoy vamos a hablar de los insectos xilófagos, en concreto de dos especies que me he encontrado recientemente en mi experiencia como arquitecto técnico: el Hylotrupes bajulus L. y la Reticulitermes lucífugus Rossi. Pero primero, empecemos definiendo lo que es un insecto xilófago:

Xilofagia es un término usado en ecología para describir los hábitos de un consumidor primario cuya dieta consiste principalmente (a menudo exclusivamente) en madera. La palabra deriva del griego ξυλοφάγος (xulophagos) “comer madera”, de ξύλον (xulon) “madera” + φάγειν (phagein) “comer” y era el antiguo nombre griego usado para denominar un tipo de gusano (Fuente: Wikipedia).

Así pues, un insecto xilófago es aquel que se alimenta de madera, en concreto de celulosa, lignina y otras sustancias, preferentemente de albura, aunque determinadas especies también pueden afectar al duramen de la madera.

Son fundamentalmente dos órdenes de insectos los que afectan a la madera estructural: Los coleópteros, insectos de ciclo larvario, dentro de los cuales se encuentran los anóbidos, cerambícidos, líctidos, curculiónidos y bostrichidos; y los isopteros, o termitas, que son insectos sociales

Y tras este pequeño preámbulo, creo que ya va siendo hora de presentaros al Hylotrupes bajulus L., cerambícido conocido vulgarmente como carcoma grande:

Aunque no vemos al insecto en cuestión, lo que sí que podemos es escuchar el continuo roer del cerambícido en una viga de madera de conífera.

Para identificar la especie de cerambícido que está presente en la madera, debemos de prestar atención a una serie de signos que nos ayudarán en el reconocimiento. En primer lugar, cada insecto tiene un orificio de salida característico, siendo el de la carcoma grande de forma elíptica con un diámetro de 6 a 10 mm, mientras que en otras especies encontramos orificios de salida circulares y de menor diámetro. Además, esta especie ataca solamente la madera de coníferas con bajo contenido de humedad, del 10 al 14%, preferentemente maderas verdes. Finalmente, la señal más evidente del ataque es el propio ruido que producen las larvas al perforar las galerías.

En algunas ocasiones la madera viene infectada del aserradero, por lo que no podemos prevenir el ataque de la primera generación del insecto. Por suerte, este primer ataque no es determinante para la capacidad resistente de la madera, por lo que no debemos preocuparnos más allá de las molestias que produce el ruido de las larvas. Eso sí, el ciclo en el que la larva realiza galerías en la madera, se empupa y se transforma en insecto adulto para finalmente abandonar la madera y aparearse, puede durar de 2 a 10 años.

Paciencia.

Pasemos a hablar ahora de la tímida Reticulitermes lucífugus Rossi, terminta cuyo apellido lucífugus nos indica que es una especie de insecto que padece fototropismo negativo, es decir, que no tolera la luz, por lo que muchas veces detectamos su presencia cuando ya es demasiado tarde y se empiezan a producir deformaciones por flexión en las piezas atacadas o aparecen fisuras y grietas en los revoques de muros y paredes.

En el video podemos comprobar el estado de degradación de una vigueta de madera que ha sido atacada por termitas que hemos descubierto en la inspección de la vivienda objeto de actuación en nuestro Trabajo Final de Master.

Aunque la vigueta a simple vista parecía estar en buenas condiciones, el sonido hueco que producía al golpearla señalaba la presencia del ataque, revelando un interior lleno de galerías paralelas a la dirección de las fibras tras la delgada capa exterior de 1 o 2 mm.

Además de la oscuridad, un ataque de termitas necesita una temperatura uniforme, una elevada humedad en el terreno y un alto porcentaje de humedad relativa del aire, pudiendo construir pequeños tubos o canales de tierra para trasladarse de una pieza de madera a otra y mantener el grado de humedad necesario para su supervivencia.

Y dicho todo esto, ¿qué tal si empezamos a golpear la estructura de madera de nuestra vieja casa en el pueblo en busca del temido sonido hueco? Aunque se necesitan varios años para que un ataque de termitas afecte peligrosamente a nuestro edificio, se han documentado casos en los que 2 años han bastado para producirse situaciones de riesgo inminente y colapso.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:

  • ARRIAGA, Francisco; PERAZA, Fernando; ESTEBAN, Miguel; BOBADILLA, Ignacio; GARCÍA, Francisco. Intervención en estructuras de madera. AITIM. 2002.
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