Casa Miguel

Tras la pausa invernal, periodo de obligado recogimiento y reflexión en nuestros respectivos llares, llega el momento de hablar de uno de los aspectos menos comentados y valorados en el mundo de la bioconstrucción: La Vida.

Casi nada.

Resulta que, por el ámbito y el contexto en el que me muevo, la construcción natural en entornos rurales, y la importancia que adquiere la autoconstrucción en la creación y desarrollo de los proyectos, podría decirse que mi experiencia y dedicación consiste en colaborar en la construcción de los sueños de otras personas. Una responsabilidad que, dicho sea de paso, sólo puede acometerse con mimo e implicación y no siempre es fácil anteponer los cuidados necesarios a la economía y otras tensiones cuando en el proceso se invierte tanto tiempo, energía y recursos.

Pero, ¿qué queda cuando se termina la obra y se habita el espacio construido? ¿En esta fase termina la bioconstrucción? Y entonces, ¿qué es la bioconstrucción?

Si hace algún tiempo (casi tres años!) meditaba sobre el término y aportaba una definición abierta: “bioconstruir es construir conscientemente“, hoy añado, al calor de una estufa de leña autoconstruida reutilizando una bombona de butano, que la bioconstrucción no es más que un medio, nunca un fin en si mismo. Es el camino que recorremos y cómo lo transitamos, no el destino que esperamos alcanzar. Y, aunque parezca una obviedad, creo que es necesario dejarlo escrito. Creo que es necesario enfatizar que, aunque en este espacio se compartan técnicas, detalles constructivos, fórmulas y coeficientes, en realidad de lo que quiero hablar es de lo otro, de lo que hay detrás, de la Vida. Porque si nos limitamos a bioconstruir y ya está, no habremos entendido nada.

Por suerte, gracias a las personas que he ido encontrando y me han acompañado en el camino y a los proyectos que he ido conociendo o en los que he tenido la oportunidad de colaborar, no sólo he aprendido a construir de forma más consciente, más natural y ecológica, sino que, más importante aún, he aprendido que existen otras formas de habitar.

Y todo este preámbulo, toda esta vanidad, para hablar del lugar y de cómo vivo actualmente.

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Casa Miguel es el nombre original recuperado de una casona de los años 50 situada en el concejo de Cabranes (no confundir con Cabrales). Casa Miguel es, al mismo tiempo, un proyecto comunitario desarrollado en el mundo rural, cuyo fin es cobijar grupos y propuestas bajo la responsabilidad de cuidar, generar y compartir el conocimiento colectivo. Pero, principalmente, Casa Miguel es una experiencia de convivencia.

Bajo las murias de la casona, a la hora de escribir estas líneas, compartimos la existencia tres alegres personas, una criatura salvaje, una cándida perra, dos gatas traviesas, un individualista gato y más gallinas de las que puedo contar (entre las que se encuentra la variedad autóctona d’Asturies, la pita pinta). Todo ello en una suerte de caos naturalizado y tareas compartidas, más o menos equilibradas, que permiten preservar la ocupación más significativa de las que tenemos entre manos, la crianza.

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La transición de la ciudad al campo exige una dedicación a la que no estamos acostumbrados en nuestros ambientes urbanos y nos enfrenta a una serie de realidades y sacrificios que estaremos dispuestos a aceptar en función de nuestro grado de compromiso. Vivir en el campo coloca en el tablero una serie de cuestiones tales como la soberanía alimentaria, la pobreza energética, la falta de infraestructuras, servicios y la dependencia de medios de transporte privados que, de otra manera, invisibilizaríamos o daríamos por hecho.

Casa Miguel no cuenta con un sistema de calefacción centralizado y sus murias de piedra y carpinterías de madera no ayudan a conservar una temperatura confortable en invierno. Al mismo tiempo, nuestras economías precarias y la modalidad en la que vivimos, contrato de alquiler, no permiten realizar una actuación integral de rehabilitación energética. Así pues, no nos queda más remedio que implementar pequeñas estrategias que mejoren la habitabilidad de la casona. Recursos tales como recuperar la cocina como corazón y núcleo de convivencia para aprovechar el calor generado por la cocina económica o colocar estufas autoconstruidas en lugares estratégicos donde nuestra presencia sea constante. La sustitución paulatina de las carpinterías o la elección de las habitaciones en función de su orientación cobran igualmente importancia.

Esta estrategia para combatir la pobreza energética sólo es posible si se realiza una gestión responsable y eficiente de la leña disponible. Resulta fundamental anticiparse a la llegada del invierno para garantizar el abastecimiento de toda la temporada. En esta ocasión hemos tenido la posibilidad de talar varios árboles muertos de la finca de un vecino. Motosierra y hacha fueron nuestras compañeras durante una semana de intensa labor.

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La elección de materiales en las pequeñas reformas que realizamos en Casa Miguel tiene menor peso que la posibilidad de reciclar y reutilizarlos. El ingenio y la habilidad nos permiten generar espacios cómodos al mismo tiempo que reservamos nuestra economía para afrontar otros gastos indispensables.

La falta de infraestructuras y servicios es otra de las grandes desventajas a las que tenemos que hacer frente. Algo tan necesario como ir al Centro de Salud o tan cotidiano como comprar el pan está condicionado por la disponibilidad de transporte. Las alternativas públicas son deficientes así que el uso habitual del coche está a la orden del día. Disponemos de la capacidad para reciclar aceite usado para usarlo como combustible, pero no siempre es fácil conseguir las cantidades mínimas imprescindibles.

Otro de los servicios a los que estamos tan acostumbrados pero que en el entorno rural es difícil contratar con unas garantías mínimas de calidad es el acceso a internet. Esta carencia bloquea el retorno a los pueblos cuando se buscan modelos de negocio alternativos a la agricultura/ganadería/artesanía. Por un lado, el desmantelamiento de la red pública asturiana de fibra óptica ha puesto fin a la iniciativa pública para solucionar el problema. Otras propuestas bajo modelos de economía colaborativa, como sestaferia.net, sólo encuentran zancadillas por parte de la administración para ofrecer sus servicios e, irónicamente, tienen que pelear cada nueva conexión frente a un status quo que vende la necesidad de conectar poblaciones aisladas pero, a la hora de poner en práctica y favorecer el desarrollo de plataformas e infraestructuras, su actitud parece ser la contraria. En nuestro caso disponemos de una conexión 4G con datos limitados con la que aprendemos, por necesidad, a ser conscientes del uso que le damos y a controlar su consumo.

Pero no todos son desventajas. La oportunidad de poseer terreno nos permite producir alimentos de calidad, además de ser conscientes y valorar el esfuerzo que supone cultivar la tierra. La dificultad radica en idear rutinas que permitan compatibilizar los trabajos en la huerta con el cuidado de Casa Miguel y nuestros respectivos trabajos personales. Nada fácil teniendo en cuenta el mundo del que venimos, donde tras cada comodidad de la que disfrutamos se esconde una renuncia a la capacidad para autogestionar nuestras necesidades. El desaprendizaje es constante, pero los frutos que obtenemos nos acercan a comprender y apreciar los recursos locales así como a respetar, entender y aprovechar los ciclos estacionales. Sin dejar de tener en cuenta que las verduras que cosechamos y los huevos de los que disponemos nos ayudan a reducir nuestro impacto y complicidad en las economías capitalistas.

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Así que en esas estamos, soñando y tejiendo realidades. Buscando que nada nos sea impuesto por comodidad o ignorancia. Persiguiendo la autosuficiencia que podamos, queramos y permitamos alcanzar. Experimentando y demostrando que otras formas de convivir son posibles. Celebrándolo cada día.

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En definitiva, viviendo conscientemente.

Y eso es lo que me ha enseñado la bioconstrucción.

 

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3 comentarios

  1. Hola Miguel. Echamos de menos tus textos y te envidiamos. Desde la urbe, un abrazo

  2. Un placer poder leerte, todo un gusto que nos da la Vida.

  3. ¡Enhorabuena, Miguel! A ver si charlamos pronto. Un abrazo.

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